¿Reportero de guerra? Hay un curso para ti

Aumenta la formación para periodistas en zona de conflicto

 

Asesinatos, secuestros, periodistas acosadas, rastreo de actividad virtual… La violencia que rodea el trabajo de muchos reporteros ha hecho que se generalicen y ganen respeto los cursos para aprender a protegerse en zonas de conflicto, hace años recibidos con desdén. Algunas pautas de comportamiento en materia de seguridad y medicina de combate pueden salvar vidas en los medios. Para poder contarlas.

 

U.S. Air Force Technical Sergeant Susan K. Williams, International Security Assistance Force (ISAF) Combat Correspondent, prepares her video equipment.

 

“Simple. Un artículo de chiste, poco serio”. Así reaccionaba en 2009 un anónimo ante la información sobre un curso de corresponsal de guerra publicada por un diario español. Pero estas clases topan con menos escepticismo cada día.

 

Cada año decenas de reporteros siguen falleciendo en el ejercicio de su profesión. 70 periodistas murieron sólo en la primera mitad de 2012. En la última década la cifra oscila entre los 138 reporteros asesinados en todo 2005 y los “sólo” 63 del año 2000, según el International News Safety Institute (INSI).  Pese a que los casos más conocidos corresponden a corresponsales de guerra, en realidad el mayor número de víctimas se da en el periodismo local, entre profesionales que cubren asuntos como la corrupción política o el tráfico de drogas.

 

Las guerras tradicionales se convirtieron hace años en guerras asimétricas, donde el enemigo ya no es un ejército reconocible y el combate militar está cada vez más vinculado al combate civil. En los nuevos fuegos cruzados, cambiantes y confusos, los periodistas se manejan como pueden.  Ahora cada conflicto tiene su propia ley, su estilo de bala y su tipo de muerto. Pero todos dejan en el aire pistas sobre cuáles son los peligros comunes y sobre cómo minimizarlos.

 

 

 Cuánto cuestan. Qué se aprende

Un buen número de organizaciones ofrecen enseñanzas combinadas de seguridad y medicina de combate, normalmente mediante cursos intensivos dirigidos a freelances, los periodistas más desprotegidos. Los reporteros que toman este tipo de cursos suelen hablar bien de ellos (1, 2, 3).

 

Sin embargo, en general el coste de la formación para reporteros en zonas hostiles queda lejos de lo que un freelance se puede permitir. En Reino Unido  o Estados Unidos 5 días de estas clases pueden llegar a costar unos 3.000 dólares; por un curso de actualización de sólo 3 jornadas, para ponerse al día, se pueden llegar a pagar 2.000 (datos del Committee to Protect Journalists, CPJ).

 

Una opción bastante económica es el curso de la Universidad de Columbia “Reporting safely in crisis zones“. El próximo se celebrará en octubre de 2012 en Nueva York, es intensivo, cuesta cerca de 700 dólares, y destaca por su atención al plano psicológico: incluye directrices para elegir un fixer fiable, distinguir infiltrados y comportarse en momentos de tensión como puede ser un control de carretera.

 

En ocasiones, hablar con la entidad organizadora o con otros asistentes permite llegar a acuerdos que reducen el precio de partidas como el alojamiento (compartiendo por ejemplo habitación con otros periodistas durante la formación). Otra opción es la búsqueda de ayudas en asociaciones no lucrativas o fundaciones como la Rory Peck Trust. Dedicada al apoyo de los periodistas independientes en todo el mundo, esta entidad ofrece un fondo de formación para freelances “de buena fe” involucrados en tareas de reporterismo “por un mínimo de 18 meses”. Sus fondos pueden llegar a cubrir el coste total de los cursos.

 

Entre las materias que  se suelen aprender en los cursos de reporterismo de guerra están las siguientes:

  • – Conocimientos básicos de primeros auxilios referidos a vacunas, enfermedades infecciosas, limpieza de vías de aire, vendajes, torniquetes o transporte de heridos
  • – Capacitación en autodefensa para evitar secuestros y violaciones
  • – Toma de decisiones convenientes ante emboscadas, fuegos cruzados, presencia de francotiradores y desplazamientos diurnos y nocturnos
  • – Conocimientos de armamento
  • – Elementos de protección personal (casco, chaleco)
  • – Precauciones en zonas minadas y en misiones empotradas con el Ejército
  • – Consejos sobre equipos de trabajo y configuración de kits médicos (en algunos cursos estos kits vienen incluidos en el precio)
  • – Reacción ante catástrofes naturales y gestión del trauma
  • – Normas de ciberseguridad que incluyen desde proteger archivos sensibles que puedan comprometer a fuentes hasta deshabilitar el GPS del teléfono satélite o enviar e-mails encriptados
  • – Opciones existentes en cuanto a seguros de vida y legislación internacional, sobre todo en lo que concierne a protección del reportero en caso de detención
  • – Acercamiento a los organismos internacionales de interés para la prensa en zona de conflicto, ya sea como fuentes de información (muchos de estos organismos tienen equipos avanzados de Prensa en las zonas de conflicto) o como recurso en caso de emergencia. Cada vez más ONG cuentan con equipos especializados en la atención a reporteros en entornos de crisis, e incluso ponen a su disposición líneas telefónicas de ayuda. En agosto de 2011, los 35 reporteros retenidos en el Hotel Rixos de Trípoli durante los últimos días del régimen de Gadafi fueron liberados por intermediación de la Cruz Roja.
  • – Información sobre servicios secretos.

 

 

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Iniciativas

En España, más allá de iniciativas jocosas de formación online, la Universidad San Jorge (Zaragoza) inició en 2011 un Curso de Reporterismo de Guerra de 200 horas con nombres como Gervasio Sánchez y Mikel Ayestarán entre su equipo docente. Han surgido otras iniciativas puntuales, aunque no queda clara su continuidad.


La formación más específica sigue siendo, desde hace ya 8 años, la ofrecida por el Ejército de Tierra en sus Jornadas de Corresponsales de Guerra, que se celebran con carácter intensivo cada mes de septiembre. En principio, sólo benefician a periodistas españoles en activo que trabajan para un medio, que lo solicitan y que son seleccionados por el Departamento de Comunicación del Ministerio de Defensa.

 

Hay otras iniciativas internacionales de las que pueden beneficiarse periodistas españoles aunque se desarrollen en el extranjero. En muchas ocasiones, las clases se imparten en los propios países de destino (allí donde el conflicto se produce).

 

Iniciativas sin ánimo de lucro:

 

  • Reporteros sin fronteras – Dangerous Assignments. En colaboración con la Cruz Roja francesa, este curso se lleva a cabo en Los Alpes. Se centra en la seguridad, la gestión del estrés y el aprendizaje del derecho internacional humanitario. Incluye ejercicios prácticos y entre sus profesores se encuentran expertos de desminado, medicina tropical o periodistas que son miembros de Reporteros sin Fronteras.
  • Tim Hetherington - by Justin Hoch - CC Atribution

    RISC – Reporters Instructed in Saving Collegues. Esta asociación ofrece en Nueva York, Londres y Beirut cursos de 3 días sobre medicina de combate para freelances. Aseguran que “sobrevivir a un disparo o a una herida de metralla depende de hacer lo correcto en los primeros minutos”. Su mayor aval es quizá su fundador: Sebastian Junger, que en abril de 2011 sobrevivió en Misrata (Libia) a un ataque de mortero en el que murieron dos de sus colegas más cercanos: uno de ellos era Tim Hetherington (con quien realizó Restrepo, un documental sobre Afganistán que fue nominado a los Oscar).

  • INSI Safety courses. Esta organización lleva ofreciendo clases para reporteros en entornos hostiles desde 2004, y lo ha hecho ya en 27 países (siempre en zonas de conflicto; en Europa, únicamente en Rusia y los Balcanes). Su objetivo: que el reportero sobreviva a la historia que va a contar. Son cursos intensivos de dos días de los que ofrecen escasa información en su web precisamente “por motivos de seguridad”. Ya han asistido a ellos unos 2000 periodistas.
  • – Dart Center. Seminars and training for journalists and trauma. Este centro, que depende de la Dart Foundation, lleva años ofreciendo formación avanzada más en materia de postconflicto (trauma) que de conflicto, con seminarios que suelen ser muy específicos y estar muy pegados a la actualidad (en agosto, por ejemplo, explicaban cómo informar de masacres como el tiroteo de Aurora, en EEUU).

 

Iniciativas privadas:

 

Violencia que no cesa

Portada del libro de Marie ColvinEl fallecimiento de periodistas tan experimentados y admirados en el gremio como Tim Hetherington, Anthony Shadid y Marie Colvin ha concienciado sobre la necesidad de adquirir conocimientos de primeros auxilios y de ser prudente en cuanto a la propia salud o el manejo de las nuevas tecnologías. Tras un ataque con víctimas entre profesionales de los medios, las escenas de confusión son frecuentes y el tiempo que se tarda en ayudar puede ser fundamental. La herida de Hetherington, por ejemplo, no era mortal de necesidad, pero nadie sabía muy bien cómo ayudar.

 

En febrero de 2012, Anthony Shadid (dos veces Premio Pulitzer) murió por un ataque de asma cuando escapaba desde Siria hasta Turquía caminando detrás de unos guías montados en caballos, animales a los que era profundamente alérgico. Shadid sí tomó precauciones (contaba con antiestamínicos e inhaladores) pero desconocía hasta qué punto esa alergia podía afectarle, según el fotógrafo Tyler Hicks, su compañero en aquel tortuoso viaje de sólo una hora. Hicks se declaró sorprendido por la virulencia del ataque de asma que dejó a su amigo desmayado y le practicó reanimación cardiopulmonar durante media hora. No fue suficiente. 

 

En el mismo mes, Marie Colvin falleció junto al fotógrafo Remi Ochlik durante el bombardeo al centro de prensa de Homs (Siria) donde se encontraban; se sugirió que el Ejército sirio había elegido este objetivo a partir de las señales emitidas por los teléfonos satelitales de la Prensa.

 

También se están repitiendo las escenas de acoso sexual o de violación contra reporteras. Y los mismos riesgos que corren los periodistas profesionales los corren crecientemente los periodistas ciudadanos.

 

Ante esta situación, quien no pueda permitirse acudir a los cursos de protección puede procurar mantenerse actualizado en Internet. Proliferan los recursos digitales dirigidos al uso seguro de los móviles por parte de periodistas y activistas (como la ObscuraCam de The Guardian Project). También se publican directrices y manuales sobre primeros auxilios y sobre normas de seguridad adaptadas al periodismo en el frente de batalla. Una buena guía que compendia todos los conocimientos existentes en la actualidad es la Journalist Security Guide del CPJ. Quizá el periodismo siga estando basado en el olfato, pero en periodismo de guerra es preferible aprender lo que ese olfato conlleva de precaución.

 

 Más información sobre seguridad para periodistas y cursos de reporterismo de guerra: