Una censura orwelliana

En otras ocasiones he escrito sobre la utilización a conveniencia de la palabra "censura" (pdf) en la actualidad. No sólo los gobiernos lejanos y corruptos impiden la difusión libre de contenidos en la Red: también lo hacen autoridades democráticas muy respetadas cuando la información les resulta molesta. En estas ocasiones, la censura puede tomar una forma más sutil, ser puntual o temporal. Pero sigue siendo censura.

 

El periodista y profesor australiano Antony Lowenstein escribe sobre los impedimentos que la Justicia de EEUU está poniendo a Wikileaks, un sitio dedicado a la filtración de datos o noticias procedentes de la disidencia de cualquier país. Wikileaks ha demostrado una gran utilidad desde su creación y suele permitir que el mundo entero sea consciente de hechos escalofriantes que de otro modo se perderían en rincones informativos oscuros.

 

Ha sido un banco suizo el que ha denunciado a la web por publicar información que le asocia con operaciones de lavado de dinero, y un juez ha decidido pedir al servidor norteamericano que lo aloja que suprima el acceso al wiki. Casualmente, Wikileaks también descubrió recientemente qué normas guían la actividad de los soldados americanos en Irak y cómo desempeña EEUU ciertas actividades propagandísticas encubiertas sobre Guantánamo en Internet. Y el juez que decide sobre el caso es una figura cercana a las tesis de George Bush.

 

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