Política

El síndrome de China

 

Desde que leí el artículo “As jobs go global, U.S. workers pay” he pensado mucho en él, porque refleja con sencillez uno de los grandes problemas de fondo relacionados con China. Y anoche el gran experto @Nouriel auguraba en Twitter que este país será con toda seguridad primera economía mundial entre 2020 y 2030.

“As jobs go global…” se deriva de un trabajo académico que los economistas D. H. Autor, D. Dorn y G. H . Hanson presentaron en el verano de 2011 y que ha sido bastante debatido en Estados Unidos. Se llama “El síndrome de China“, como la película de 1979 del mismo nombre protagonizada por Jack Lemmon. En esa película se juega con la peor situación posible tras un accidente en una planta nuclear: fusión de sus reactores y filtración vertical de componentes radioactivos en la Tierra hasta llegar “al otro extremo del planeta” (que en Estados Unidos se considera metafóricamente China).

La obra de Autor, Dorn y Hanson refleja una ironía: la globalización, ese principio defendido por los internacionalistas más progresistas, conlleva necesariamente un empeoramiento de las condiciones de los trabajadores ubicados en zonas abiertas a la competencia directa con países comercialmente tan agresivos como China. Y ya han reconocido la validez de esta tesis pensadores conservadores y también nada conservadores, como J. Stiglitz.

¿Empeoran nuestras condiciones laborales por haber entrado en un bucle de competencia inhumana con países donde no se respetan los derechos humanos? ¿Qué hacer en ese caso?

 

Una guerra nunca es necesaria


 

La mejor profesora que he conocido se llamaba Ángela Fernández Díez. Enseñaba Historia en el colegio. En un debate, repitiendo cosas que había escuchado a los adultos, le pregunté si no creía  que la Guerra Civil española había sido necesaria porque el país estaba demasiado dividido como para seguir adelante de otra manera.

 

"Una guerra nunca es necesaria".

 

(Hacia dónde  quieres crecer).

 

La mirada de Ángela entonces me sirvió muchas veces de refugio. Me protegió frente a otra frase que tuve que escuchar de modo recurrente años después en el doctorado de Relaciones Internacionales: "Señorita, la paz no existe. Es un invento de los ecologistas". Era el mantra de otro profesor.

 

 

 

La única vez que sentí tambalearse ese asidero fue en  un colegio mayor de Madrid, hacia 1999. Era invierno, de noche, se debatía el drama de Los Balcanes y el periodista Javier Valenzuela explicaba  que bombardear Kosovo había sido precisamente una necesidad.

 

El otro día, en un acto sobre Barack Obama, volví a escuchar al periodista después de tantos años. Defendía el Premio Nobel de la Paz que le acaban de conceder al presidente norteamericano, bastante a contracorriente. Me pareció valiente y tranquilizador: quien noqueó nuestras convicciones con la urgencia de un bombardeo in extremis en 1999 también opina que debe premiarse a un líder que lo evite. 

 

No sé qué será de Obama, espero que muchas cosas buenas. Pero lo que al final me ha acompañado hasta hoy es la seguridad de que una guerra nunca es necesaria, mientras gente como él sí. 

 

 

Life is full of ups and downs

 

And a crisis can turn the table.

 

Imagen de previsualización de YouTube

 

I saw it in Francisco Polo‘s blog.

 

 

Obama, antes y después

 

El equipo de Obama ha despertado expectativas enormes con su dominio de las nuevas tecnologías para ganar las elecciones. Pero quizá sea todavía más interesante comprobar hasta qué punto esos instrumentos resultan válidos en tareas de gobierno; es decir, ver la distancia tecnológica que media entre los sueños y la realidad. Esto recuerda a 2002, a la época de “¿qué conseguirá hacer Lula con Brasil?”, pero con 2.0 de por medio.

 

Obama ist ein Berliner

De momento, los discursos semanales de Obama se difundirán por Youtube y las personas que rodean al presidente electo han lanzado una página temporal, Change.gov, para comunicarse con los ciudadanos mientras dure la transición. Desde ella emiten video-preguntas concretas, por ejemplo una que interpela al público sobre cómo modificar el débil sistema sanitario de EEUU.

 

Para Micah Sifry, de TechPresident.com:  “Before our eyes, we are witnessing the beginning of a rebooting of the American political system“. Lo de rebooting quizá suene demasiado optimista, pero en las actuales circunstancias, para muchos bastaría con un “re-loquesea”.

 

Hay quien analiza al detalle si el éxito ha supuesto ya alguna rebaja de las promesas realizadas. Por el momento parece ser que no, que el discurso se mantiene en entrevistas pre y post electorales. Y, mientras tanto, se sigue trabajando en los argumentos y en en ese modo tan particular de contarlos que es lo que impulsó inicialmente la ola Obama (el famoso Yes, we can). El periódico  The Times acaba de publicar un artículo sobre Jon Favreau, el joven talentoso que le escribe los discursos a Obama y que curiosamente tiene un perfil más que discreto en Internet. Le llaman Baby-face, como al Diego Luna tan especial de Sólo quiero caminar.

 

En Internet están disponibles todas las intervenciones de Obama, como la de Berlín (en la imagen), con la que encandiló a media Europa. Sin embargo, una encuesta espontánea realizada en mi entorno más próximo (es decir, bastante poco científica) revela que ningún político leería en España su discurso de la victoria, por ser demasiado cursi/sentimental y por estar “vacío”. ¿Diferencias culturales?

 

El caso es que otros grandes líderes, desde Churchill a Suárez (pdf), también recurrieron al sentimentalismo para impulsar campañas necesarias en tiempos difíciles. Y el caso es que a Favreau -y a Obama- nadie puede quitarles el mérito de haber convencido a más de 75 millones de votantes.

 

I did not vote for you - size8jeans
I  voted Obama - Norma Iriz

 

 

Vía Center for Media and Democracy | Paper Papers | Cac.ophony.org

 

 

 

Parlando europeo

 

Francisco Seoane publica una larga entrada sobre la televisión online que el Parlamento Europeo lanzó en septiembre, EuroparlTV. Es un análisis certero y cariñoso, en el sentido de que es claro en su crítica pero persigue con ella una mejora.

 

EuroparlTV

 

 

Seoane propone que el nuevo canal europeo no sea otra vía muerta, institucional, que meramente retransmita los plenos parlamentarios o explique cómo funciona la Eurocámara, sino que se convierta en eso que realmente necesita la Unión para ser percibida como tal: un sedimento mediático común.

 

Es fácil sentirse partidario de su propuesta, soñar con “Teleuropa”. Como propone el profesor, a Europa le haría mucho bien un canal que además de mostrar noticias ofreciese caras familiares, presentadores que fuesen sentidos como propios independientemente de su nacionalidad:

 

Así como los medios angloparlantes transmiten, de forma velada, una defensa de la libertad de mercado y otros valores occidentales, la televisión europea podría colocar en la agenda de debate público temas de gran trascendencia que pasan a menudo desapercibidos (quizá por el interés de los propios actores, conste) o son abordados con la miopía de los ojos nacionales. He ahí el caso de la inmigración, por ejemplo. Esta perspectiva europea serviría también para debatir temas tabú en las respectivas esferas públicas nacionales.

 

 

Pero la duda asalta fácilmente: ¿es de verdad digerible una televisión con presentadores/as de todas las naciones europeas, hablando en ocho idiomas diferentes, como ocurre en Euronews? ¿No es éste el gran obstáculo que impide cualquier proyecto común de tinte “cotidiano” en la UE? Queremos ser internacionales, globales y mestizos, pero ¿cómo llevar eso a la práctica cuando uno tiene sólo media hora para ver las noticias? ¿Cómo repartir la cuota idiomática?

 

Siempre se cita a los Erasmus como una de las iniciativas que más Europa real está creando. Pero los Eramus acuerdan el uso de una lengua común para entenderse. ¿No deberíamos asumir lo mismo si queremos que la televisión común funcione (una lengua, dos, tres como máximo, al margen de pequeños espacios reservados a otros idiomas)?

 

Seoane plantea que la iniciativa privada impulse proyectos multilingües y europeos. Pienso que discutir  sobre EuroparlTV, hablar de esto, lanzar la caña, ya es un gran primer paso. First step. Eerste pas.

 

 

 

Sobre mí

Myriam Redondo Escudero, periodista (+ info)

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